Asegurar que el cuerpo está sano suele depender de algún estudio, a veces, de alta complejidad. Además de ello, antes, puede al menos especularse qué está pasando si se siente o pasa algo inusual. Existen alertas que deben funcionar como detonantes que impulsen al chequeo con la tecnología. En específico, para el intestino hay varios indicadores.
Según la ciencia el tránsito regular se considera normal tres veces al día hasta tres veces por semana. Lo importante es la consistencia y que no haya esfuerzo excesivo.
La escala de Bristol es utilizada por los científicos para clasificar las heces. Un intestino sano produce heces tipo 3 o 4 (forma de "salchicha" lisa o con grietas superficiales, fácil de evacuar). En cuanto a la digestión, un intestino sano procesa la comida sin producir dolor, gases excesivos o hinchazón (distensión abdominal) constante.
La energía y el ánimo también apunta si la salud intestinal está bien. Como el 90% de la serotonina (la hormona de la felicidad) se produce en el intestino, un sistema sano suele estar ligado a un estado de voluntad estable y buenos niveles de vitalidad. La ciencia hoy ve al intestino no sólo como un tubo de procesamiento, sino como un ecosistema complejo.
Pilares saludables
Las paredes del intestino deben estar firmes (unidas por "uniones estrechas") para dejar pasar nutrientes pero bloquear toxinas y patógenos (evitando el famoso "intestino permeable"). La microbiota, entendida como los microorganismos vivos (bacterias, virus, hongos y arqueas) que residen en un entorno específico de cuerpo, lo mejor es que sea diversa: cuantas más especies distintas tengas en ella, más resiliente es el sistema.
En un intestino saludable hay ausencia de inflamación. Los niveles de marcadores inflamatorios deben ser bajos.